lunes, agosto 15, 2005
i like my body when it is with your
body. It is so quite a new thing.
Muscles better and nerves more.
i like your body. i like what it does,
i like its hows. i like to feel the spine
of your body and its bones, and the trembling
-firm-smooth ness and which i will
again and again and again
kiss, i like kissing this and that of you,
i like,, slowly stroking the, shocking fuzz
of your electric fur, and what-is-it comes
over parting flesh . . . . And eyes big Love-crumbs,
and possibly i like the thrill
of under me you quite so new
e.e. cummings.
viernes, julio 29, 2005
CHAPTER LXXII.
OF HOW DON QUIXOTE AND SANCHO REACHED THEIR VILLAGE
Miguel de Cervantes
Don Quixote
martes, julio 12, 2005
jueves, mayo 12, 2005
Call me Ishmael. Some years ago- never mind how long precisely- having little or no money in my purse, and nothing particular to interest me on shore, I thought I would sail about a little and see the watery part of the world. It is a way I have of driving off the spleen and regulating the circulation. Whenever I find myself growing grim about the mouth; whenever it is a damp, drizzly November in my soul; whenever I find myself involuntarily pausing before coffin warehouses, and bringing up the rear of every funeral I meet; and especially whenever my hypos get such an upper hand of me, that it requires a strong moral principle to prevent me from deliberately stepping into the street, and methodically knocking people's hats off- then, I account it high time to get to sea as soon as I can. This is my substitute for pistol and ball. With a philosophical flourish Cato throws himself upon his sword; I quietly take to the ship. There is nothing surprising in this. If they but knew it, almost all men in their degree, some time or other, cherish very nearly the same feelings towards the ocean with me.
o lo que es lo mismo sin ser igual...
Llamadme Ismael. Hace unos años -no importa cuánto hace exactamente-, teniendo poco o ningún dinero en el bolsillo, y nada en particular que me interesara en tierra, pensé que me iría a navegar un poco por ahí, para ver la parte acuática del mundo. Es un modo que tengo de echar fuera la melancolía y arreglar la circulación. Cada vez que me sorprendo poniendo una boca triste; cada vez que en mi alma hay un nuevo noviembre húmedo y lloviznoso; cada vez que me encuentro parándome sin querer ante las tiendas de ataúdes; y, especialmente, cada vez que la hipocondria me domina de tal modo que hace falta un recio principio moral para impedirme salir a la calle con toda deliberación a derribar metódicamente el sombrero a los transeúntes, entonces, entiendo que es más que hora de hacerme a la mar tan pronto como pueda. Es mi sustituto de la pistola y la bala. Catón se arroja sobre su espada, haciendo aspavientos filosóficos; yo me embarco pacíficamente. No hay en ello nada sorprendente. Si bien lo miran, no hay nadie que no experimente, en alguna ocasión u otra, y en más o menos grado, sentimientos análogos a los míos respecto del océano.
Moby Dick, H.Melville
lunes, abril 25, 2005
jueves, abril 07, 2005
Finii tutta la sigaretta con l'accuratezza con cui si compie un voto. E, sempre soffrendo orribilmente, ne fumai molte altre durante la malattia.
La Coscienza di Zeno
Italo Svevo
Capitolo III (Il Fumo)
jueves, marzo 31, 2005
Et la mort marque des points sur nous.
On s’ennuie un peu , et on accepte de se détourner provisoirement de l’essentiel pour consacrer quelques minutes à l’accomplissement d’une besogne ennuyeuse et sans joie mais que l’on croyait rapide,
Et puis on se détourne, et l’on s’aperçoit avec écoeurement que deux heures de plus ont glissé dans le vide,
Le temps n’a pas pitié de nous.
A la fin de certaines journées on a l’impression d’avoir vécu un quart d’heure et naturellement on se met à penser à son âge,
Alors on essaie d’imaginer une ruse une sorte de coup de poker qui nous ferait gagner six mois et le meilleur moyen est encore de noircir une page,
Car sauf à certains moments historiques précis et pour certains individus dont les noms sont écrits dans nos livres,
Le meilleur moyen de gagner la partie contre le temps est encore de renoncer dans une certaine mesure à y vivre.
Le lieu où nos gestes se déroule et s’inscrivent harmonieusement dans l’espace et suscitent leur propre chronologie,
Le lieu où tous nos êtres dispersés marchent de front et où tout décalage est aboli,
Le lieu magique de l’absolu et de la transcendance
Où la parole est chant, où la démarche est danse
N’existe pas sur Terre,
Mais nous marchons vers lui.
(Michel Houellebecq, La Poursuite Du Bonheur)
jueves, octubre 14, 2004
Regardez autour de vous, et regardez-vous vous-même: le monde grouille d'assassins, c'est-à-dire, de personnes qui se permettent d'oublier ceux qu'ils ont prétendu aimer. Oublier quelqu'un: avez-vous songé à ce que cela signifiait ? L'oubli est un gigantesque océan sur lequel navigue un seul navire, qui est la mémoire. Pour l'immense majorité des hommes, ce navire se réduit à un rafiot misérable qui prend l'eau à la moindre occasion, et dont le capitaine, personnage sans scrupules, ne songe qu'à faire des économies. Savez-vous en quoi consiste ce mot ignoble ? A sacrifier, quotidiennement, parmi les membres de l'équipage, ceux qui sont jugés superflus ? Les salauds, les ennuyeux, les crétins ? Ceux qu'on jette par-dessus bord, ce sont les inutiles - ceux dont on s'est déjà servi. Ceux-là nous ont donné le meilleur d'eux-mêmes, alors, que pourraient-ils encore nous apporter ? Allons, pas de pitié, faisons le ménage, et hop ! On les expédie par-dessus le bastingage, et l'océan les engloutit, implacable. Et voilà, ma chère mademoiselle, comment se pratique en toute impunité le plus banal des assassinats.
Hygiène de l'assassin, Amélie Nothomb
martes, octubre 05, 2004
Luna de abajo,
en el fondo del pozo,
blanca en la bocamina,
inmóvil
en las aguas del río
que no pueden llevarla
-a ella, tan ligera-
en su corriente.
Luna
que no refleja al sol
sino a sí misma,
igual que un sueño que engendrase un sueño.
Luna de abajo,
luna por los suelos
para los transeúntes de la noche,
que vuelven a sus casas cabizbajos.
Luna entre el barro, entre los juncos, entre
las barcas que dormitan en los puertos;
luna
que es a la vez mil lunas y ninguna,
evanescente, mentirosa luna,
tan próxima a nosotros, y no obstante
aún más inalcanzable que la otra.
Ángel González
miércoles, septiembre 15, 2004
El Doctor Alban
A Antonio se le murió el papá en octubre, pero en diciembre el difunto aún recibió algunas felicitaciones de navidad que él, diligente, sobreponiéndose al dolor, trató de responder tan bien como supo: les contaba que era el hijo de Don Alberto y que se encontraba en la dolorosa situación de tener que comunicarles que éste había fallecido recientemente, que lamentaba tener que darles tan penosa noticia y que en nombre de la familia agradecía igualmente los buenos deseos. En respuesta a tan dolidos billetes recibió las correspondientes condolencias que, en un tono elegante y formal, trataban de esconder lo embarazoso del equívoco. Sólo quedó una felicitación sin responder, que no llevaba remitente: "Felices Fiestas y próspero Año Nuevo le desea El Doctor Alban", decía; y luego timbrado, un número de teléfono.
En un primer momento Antonio no quiso llamar, pero al cabo de unos meses, hacia marzo debió ser, tropezó con ella de nuevo y se sintió con ánimos de hacerlo. Respondió una voz de mujer. Él se presentó, dijo que llamaba de parte de Don Alberto Angulo y preguntó por el Dr. Alban. La mujer se disculpó pero aseguró que no podía ponerle en comunicación con el Doctor. A medida que Alberto insistía crecía también la inverisimilitud de las excusas que ponía la mujer del teléfono; y así hasta que él se dio por vencido y le pidió a la mujer que, al menos, tuviese la bondad de hacerle llegar un recado al Doctor: le contó que él no conocía personalmente al Dr. Alban, pero como éste año también recibieron la felicitación de Navidad de su parte, igual que había llegado puntualmente cada año hasta donde le llegaba la memoria, temía que el Dr. no estuviese enterado que, en noviembre, su amigo, el papá de él, murió.
Al otro lado se hizo el silencio, pero al rato, como liberados después de una represión momentánea, sonaron estrepitosos unos terribles sollozos que desarmaron a Antonio; de la irritación pasó a la simpatía de saber la propia pena compartida. La mujer le contó entre mocos que Don Alberto había sido un muy buen cliente suyo, y ante la insistencia de Antonio en defender la férrea salud que siempre tuvo su padre, que hasta el día de su muerte nadie le había conocido un catarro, la mujer tuvo que admitir entre lágrimas que el Dr. no era tal, que ni era médico ni tan siquiera existía, que los males que trataban en casa del Dr. Alban eran de otra índole. Marielita le contó que había regentado ésa institución desde hacía años, seguramente desde antes de que Antonio naciera, y que Don Alberto siempre se había portado como un caballero con ella y con las chicas, y hasta que cuando una de ellas murió de malas fiebres, su papá se había encargado de recoger entre los pacientes del Dr. el dinero para costear el precio de un nichito bastante digno.
Después de recordar, emocionados, las bondades del difunto Don Alberto, Antonio se despidió prometiendo que cuando le subiera un poco el ánimo iría a visitarse a casa del Dr. Antan; ella le dijo que tan pronto llamase le tendría preparada la mejor pelada, y que podía estar seguro que con los cuidados de Marielita no quedaría sin volver aunque fuese tan exigente y vital como su padre, en paz descanse el pobritico.
